domingo, 20 de agosto de 2017

EL Zapatismo va a la Cristiada.

"En 1927 informa que la guarnición de San Juan de la Punta, Vera-Cruz ha sido asaltada por un grupo de Cristeros, que después fueron dispersados por el 13 regimiento. Les fueron recogidos un Estandarte de la Virgen de Guadalupe y luego perseguido por toda la región hasta exterminar al núcleo. Se trataba de una gavilla formada por 30 hombres al mando de Herminio Acosta, fue dispersada por el 13 regimiento en la región de San Juan de la Punta (Cuitláhuac)." Publicación Periodística Excelsior, 10/II/1927.

Jean Meyer, Doctor en Historia por la Universidad de París, autor del libro infaltable "La Cristiada" expone aquí la continuidad histórica entre el movimiento Zapatista y la Cristiada en Morelos. No estamos frente a dos momentos aislados, sino ante un solo hecho armado que duró veintiocho años. Este texto -al igual que el de John Womack (pág. 39)- es la versión editada de la conferencia ofrecida en enero de 1997 en el Instituto Morelense de Cultura.

La participación de los zapatistas en la Cristiada es un pequeño post scriptum al gran movimiento zapatista. Estamos frente a una de las muchas corrientes que llegaron a nutrir el río caudaloso de la Cristiada. Tiene su interés porque, además de recordarnos que la Cristiada no fue un monopolio del occidente de México, y mucho menos de Los Altos de Jalisco, nos permite aclarar con una luz diferente, y de manera retrospectiva, la profunda naturaleza histórica del zapatismo y el problema de su incompatibilidad radical con otras corrientes de la revolución mexicana como, por ejemplo, el carrancismo.

Permítanme evocar, de manera autobiográfica, mis primeros contactos con la historia de la Cristiada. Cuando llegué a México me encontré con la imposibilidad de consultar los archivos eclesiásticos y oficiales relacionados con la Cristiada. Conocí entonces a la familia del ex-presidente Plutarco Elías Calles, a Fernando Torreblanca y a su esposa, la muy querida doña Hortensia. Así que hubo un consejo de familia para examinar mi petición asombrosa. Después de una semana me respondieron que era demasiado temprano para dar a conocer esos papeles, pero que además querían orientarme sobre la naturaleza del conflicto: que la Cristiada había sido provocada por intereses extranjeros para desestabilizar al gobierno revolucionario de la república, levantando contra él a una parte del pueblo, sincero en sus convicciones religiosas aunque manipulado por un clero vendido a las compañías petroleras. Ahí estaba el ingeniero Domingo Lavín, un especialista en la historia del petróleo en México, quien me aseguró que la creación de las diócesis de Huejutla y Papantla se debió a la intervención de las compañías petroleras que en la década de los veintes habían descubierto los mantos en la franja de oro de la Huasteca. En el México revolucionario -agregó- no podía separarse el petróleo del agua bendita. Luego otro personaje tomó la palabra y me dijo que la Cristiada había sido la repetición de la tragedia villista y zapatista. Aunque la Cámara de Diputados acababa de votar la inscripción en letras de oro de los nombres de Villa y Zapata, para ellos, los herederos del constitucionalismo, Zapata y Villa no dejarían de ser unos bandidos, agentes al servicio de las compañías petroleras. Tomo ese discurso en serio pues representaba la convicción sincera de esos hombres.

Poco después el maestro François Chevalier publicó en la revista "Les Annales" un artículo donde llamaba la atención sobre la cultura católica de los zapatistas. Chevalier me sugirió que visitara a Luis Chávez Orozco y a su señora. Fue precisamente ella quien afirmó que había una fuerte dimensión católica en el zapatismo, lo que podría explicar su ruptura con el carrancismo. Para muestra ahí está el testimonio de José Clemente Orozco dando cuenta en su autobiografía del contraste entre los batallones rojos, con los cuales él se identificó, y los zapatistas, que al entrar a la Ciudad de México lucían la imagen de la Virgen de Guadalupe en sus sombreros y cuya primera tarea fue la de dirigirse a la Basílica para dar las gracias. Eso explica la participación incuestionable de los sobrevivientes zapatistas en la Cristiada.

Puedo ofrecer una lista enorme de generales zapatistas que llegaron a ser jefes cristeros. El más importante, creo, fue el general Benjamín Mendoza, hermano de un Mendoza que estaba entre los firmantes del Plan de Ayala y que en tiempos de Zapata dirigió la división del Nevado, que operaba en la parte fría, colindante con Toluca y Puebla. Estaban el general Maximiliano Vigueras; el general Victorino Bárcenas -que se peleó con Eufemio Zapata y recibió la amnistía del gobierno carrancista-; el general Manuel Reyes; el general Felipe Barrios; el general Abacuc Román, protestante, no católico; y, casi me atrevería a mencionarlo, el general Genovevo de la O. Digo casi porque no se levantó en armas. En esos momentos era el jefe de la zona militar del Estado de Morelos, pero el gobierno lo trasladó a Aguascalientes pues se temía que no pudiera resistirse a la tentación o a la presión de sus antiguos compañeros de armas. Y estaban otros jefes menos importantes, con grado de coronel, teniente coronel o sin grado, como Federico Fábila, Juvenal Palacios, los hermanos Hernández, Angel Jaime. (Por cierto, el papel membretado de la división del Nevado, impreso en los años del zapatismo triunfante, llevaba la divisa completada a mano. En letras de imprenta se leía “Aguas, Tierra y Libertad”. Los zapatista cristeros utilizaron ese papel y agregaron a mano: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”)

Es difícil contar la historia de la Cristiada en Morelos porque es la historia de una guerrilla “de pica y huye”, como decían quienes participaron en ella. Fue una guerra hecha de emboscadas, de sorpresas, de golpes de mano, donde se alternaban las pequeñas victorias con las grandes derrotas. Lo que sobresale son los rasgos del zapatismo inicial. Ahí estaba un pueblo maltratado pero indomable. Y ésta es la prueba: los zapatistas volvieron a levantarse en 1927 y depusieron las armas en 1929 -a la hora de los arreglos, cuando la Iglesia y el Estado intentaron por primera vez hacer la paz-; regresaron a la guerra en 1932 -cuando Calles obligó al presidente Ortiz Rubio a renunciar y se inició una segunda etapa de conflicto entre la Iglesia y el Estado-. Hasta 1938 dejaron definitivamente las armas. Algunos tercos siguieron unos años más en el monte. Así que hablamos de una resistencia tenaz, indomable.

¿Dónde operaban? En las zonas templadas y frías de Morelos y de los estados circunvecinos, junto a una franja sur hacia Guerrero, donde se reencontraron con sus antiguos aliados. Lo mismo pasó en el Estado de México y en Puebla. Estaban en ese cuerno geográfico de los volcanes, que no sólo les permitía comunicarse con el Distrito Federal sino aun con Oaxaca. Hay que imaginar a un Maximiliano Vigueras desplazándose por el sur de la Ciudad de México igual que si estuviera en su casa, reanimando el viejo camino del parque y las municiones que iba desde La Merced -donde se ocultaba el material- hasta Xochimilco y Milpa Alta, el último punto peligroso antes de entrar a la zona de guerrilla. Esa guerrilla tardó toda la primera mitad del año 27 para tomar fuerza. Pero ya para el verano y el otoño la Secretaría de la Defensa informó que había 1,500 hombres movilizados.

(Un paréntesis. Hay un hecho que confirma lo dicho por Fernando Torreblanca y sus parientes y amigos. En 1927 los cristeros atacaron un tren cerca de La Barca y Ocotlán. El tren se descarriló y sobrevino un combate que duró varias horas pues uno de los vagones transportaba una gran partida de dinero del Banco de México. La escolta fue aniquilada y murieron casi un centenar de civiles en el asalto. La Secretaría de Gobernación le envió la consigna a la prensa nacional de manejar la noticia -primera plana y fotos estremecedoras- estableciendo un paralelismo entre las barbaridades del fanatismo católico de los cristeros y las barbaridades del Atila del Sur, Emiliano Zapata. El adversario reconocía la continuidad que había entre cristeros y zapatistas.)

El auge de la rebelión fue tan importante que el general Amaro, secretario de Defensa, no dudó en mandar no sólo a las unidades necesarias para aplastar el movimiento, sino a generales tan sobresalientes como Juan Bautista Domínguez, Cipriano Jaime, Castrejón, Rodrigo Talamantes y el terrible Claudio Fox. En el sur de Morelos y norte de Guerrero, éste último intentó concentrar, a la manera clásica en el siglo XX, a todas las poblaciones civiles en una zona delimitada. Quien no estuviera ahí debía ser un rebelde y, por tanto, fusilado. Esa estrategia, tan vieja como la guerra, fue reactualizada por los españoles en Cuba, por los ingleses en Africa del Sur y por los franceses en Africa del Norte.

En 1928 Maximiliano Vigueras y Macedonio Cuéllar ya estaban a las puertas de Cuernavaca. Claudio Fox, de manera económica, mandó asesinar a Victorino Bárcenas. A mediados de ese mismo año, Urbalejo y Castrejón -un antiguo zapatista que se incorporó al ejército federal- cayeron en una terrible emboscada que el general Benjamín Mendoza les tendió en el Valle del Conejo, un sitio de recreo para los habitantes actuales de la Ciudad de México.

A fines de 1928 y principios de 1929, el general Rodrigo Talamantes capturó y fusiló a Maximiliano Vigueras. De modo que el general Benjamín Mendoza se sintió acosado y, para ganar tiempo, aceptó una entrevista con Talamantes, que le ofreció un rancho de 350 hectáreas en Jalisco y tierras y garantías a sus hombres. Benjamín Mendoza presentó una primera partida de 114 hombres en Cuernavaca y de más de 300 en Chalma. Pero en febrero, ya pertrechado, volvió a levantarse en armas y se negó a irse a Jalisco. El y sus hombres siguieron peleando hasta julio de 1929, cuando terminó reconociendo la paz y el grado de general.

Quiero terminar con la figura de Enrique Rodríguez, El Tallarín, un hombre que en los años sesenta y setenta todavía ocupaba un sitio en la cultura popular de Morelos. El Tallarín se levantó en armas en 1932 y aceptó la paz hasta 1938. Es importante hacer notar que en esa segunda Cristiada -es el historiador quien emplea ese término; los combatientes de aquella época jamás se autonombraron cristeros pues la Iglesia prohibió, incluso bajo pena de ex-comunión, el recurso a la lucha armada- los rebeldes usaron la palabra zapatista y la divisa de Ejército Libertador. Ahora bien, los cristeros de esa segunda época fueron en verdad muy pocos: seis o siete mil. De todos ellos, doscientos o trescientos operaban en Morelos. Fueron de los más tercos, junto a los de Zacatecas, Durango, la sierra norte de Puebla y a un grupito en la sierra de los agustinos que peleaba entre Querétaro y Michoacán. Fueron los últimos y los más tenaces. Por eso quiero cederle la palabra final a Enrique Rodríguez, El Tallarín, quien lanzó un manifiesto el 16 de enero de 1937: “Los ideales de los pueblos que es el glorioso Plan de Allala (sic), en nosotros los pueblos umildes (sic) sentimos los rigores del gobierno y como en nosotros no se encuentra la sucia política ni menos la ambición, nos llevan los anhelos de rescatar al verdadero derechos (sic) de los pueblos y aunque sea tardecito luchamos tanto por la religión como por todos los derechos de la patria para defender la verdadera rasón (sic) de los pueblos. Agua, tierra, progreso, justicia y libertad. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.

Esos mismos zapatistas de Guerrero, Puebla y Morelos firmaron ese año un llamado manifiesto común, denunciando “la miseria de los ejidatarios vinculados al líder por señorío y caudillaje, sujetos al despojo de sus tierras o al servicio de las armas en apoyo de las pasiones políticas y demás concupiscencias de sus explotadores, de la destrucción de la religión de Cristo”. Tal como Benjamín Mendoza me aseguró, fue necesaria la política del presidente Cárdenas para apagar los rescoldos de la Cristiada y del zapatismo de Morelos. Enrique Rodríguez, El Tallarín, esperó unos meses más antes de convencerse de que la reapertura de los templos era definitiva y no una mentira. Jamás se consideró vencido o equivocado. Tampoco Benjamín Mendoza. Así terminó un ciclo de guerra y de guerrillas que había durado 28 años.

Por Jean Meyer.


Desfile por el Zócalo de la vanguardia de la división Pacheco-Zapatistas con un pendón de la Virgen de Guadalupe.

jueves, 17 de agosto de 2017

Los Marqueses de Sierra Nevada y el Templo de San Antonio de Padua.

De 1525 a 1530 los ambiciosos aventureros que acompañaron a Hernán Cortés en sus contiendas, lo obligaron a repartir entre ellos las tierras conquistadas. Después estos aventureros las cedieron, por dinero o por usurpación, a los grandes potentados de la época.

Todas las tierras de nuestra región asentadas en sus cuatro horizontes, desde Acultzingo hasta las faldas del Volcán, pertenecieron, alternada o sucesivamente, entre otros, al Virrey Don Antonio de Mendoza, al Alférez Real Don Juan González de Olmedo, al Conde del Valle de Orizaba Don Rodrigo de Vivero Aberrucia, al Marqués del Valle de la Colina Don Diego Antonio Madrazo y Escalera y a los Marqueses de Sierra Nevada.

El Marquesado de Sierra Nevada le fue otorgado por el rey Felipe V el 9 de octubre de 1708, a Don Domingo Ruiz de Tagle por su leal desempeño en la milicia y por pertenecer al prestigiado clan Sánchez Tagle.

Don Domingo contrajo matrimonio el 17 de julio de 1703 con Doña Ignacia María Crozat Góngora y Ariostegui, linajuda dama, de la que pronto quedó viudo.

En 1708, con su flamante título de Marqués, tomó como segunda esposa a Doña Clara de Mora y Medrano, joven viuda, sin hijos, del Alguacil y Guarda Mayor, el Capitán Juan González de Olmedo, quien al morir en 1702, heredó a su viuda sus considerables bienes y sus extensísimas tierras que llegaban hasta Coscomatepec, bienes que, por su reciente matrimonio, pasaron a poder del Marqués de Sierra Nevada.

Al morir Doña Clara de la Mora y Medrano poco antes de 1712, el Marqués casó, en terceras nupcias, con Doña María Ana Bretón Fernández del Rodal, acaudalada criolla orizabeña de la que, además de su fortuna, tuvo una hija de nombre Cirila Ruiz de Tagle, la cual, renunciando a su título de Segunda Marquesa y a todos sus bienes, ingresó a un convento con el nombre de Sor Jacinta (nombre de la abuela paterna).

El Marqués Don Domingo Ruiz de Tagle murió en 1717 y su viuda, Doña Ana Bretón, con el título de Tercera Marquesa de Sierra Nevada, se volvió a casar. Esta vez lo hizo con Don Fernando Noroña y Alencaster, de quien tuvo tres hijas: María Lucrecia, María Antonia y María Clara.

Al morir Don Fernando, la duquesa se recluyó en el convento donde estaba su hija Jacinta llevando con ella a sus hijas María Lucrecia y María Clara. La segunda hija, María Antonia Noroña y Alencaster, contrajo matrimonio con el Coronel Miguel de la Sesma y Escudero, con el cual procreó tres hijos: María Jacinta, Antonio y Micaela.

Miguel y María Antonia tuvieron como residencias en Orizaba la que hoy conocemos (en ruinas, en Poniente 8) como Casa de la Marquesa y el edificio que sirve de asiento al cuartel de San Antonio.

La Marquesa María Ana Bretón murió en 1773 y su título nobiliario no lo heredó a su hija María Antonia porque ésta murió el 23 de noviembre de 1772; sino a su nieto Antonio, quien asumió el Marquesado como Antonio de Sesma y Alencaster, Cuarto Marqués de Sierra Nevada, en 1779.

El 2 de mayo de 1826 el Congreso de la Unión declaró obsoletos todos los títulos nobiliarios y entre ellos el Marquesado de Sierra Nevada.

En la plazoleta, localizada frente a la residencia de los padres del 4° Marqués, se inició la construcción del Templo de San Antonio de Padua para honrar al Santo Patrono de Doña María Antonia Noroña, madre del Marqués; pero con la muerte de sus padres, la obra quedó inconclusa.

Años más tarde, Don Antonio de Sesma y Alencaster, ya viejo y antes de partir para España, ordenó la conclusión del templo, el cual fue terminado y bendecido solemnemente, el día 25 de julio de 1813, siendo su primer capellán el Pbro. Dn. Mariano Buenabad y el segundo, el sacerdote Dn. Pablo Barrientos.

Antes de su viaje a España, en junio de 1823, Don Antonio cedió la capilla al “Ilustre Patronato del Ayuntamiento con el solar que está a sus espaldas y la cantidad de $4,000.00 fincados para su subsistencia” con la encomienda de procurar siempre el culto a San Antonio de Padua.

El templo, según el señor. Naredo, “era un verdadero relicario” con altares y bóvedas de ricos relieves de blanco y oro y de estuco sobredorado que, el lluvioso clima de Orizaba, en pocos años deterioró; y la capilla, ante la falta de capellanes, pronto llegó a quedar casi en ruinas.

En 1853 la Sagrada Mitra ordenó pasar a San Antonio la antigua cofradía del Señor del Calvario con su venerada imagen de Cristo crucificado; cofradía que, aunque pertenecía a la parroquia de San Miguel, había estado en el templo del Calvario; y los habitantes del barrio de Ixhuatlán ayudados por el resto de la población, reconstruyeron el templo y cercaron su atrio, que, con su cementerio anexo, estaba sembrado de frondosos álamos, con el barandal de hierro que conserva hasta nuestros días.

Observaciones Adicionales:

1.- La Historia considera a Doña María Antonia Noroña y Alencaster como “La Señora Marquesa de Sierra Nevada”; pero, realmente, no tuvo este título nobiliario, el cual recayó en su hijo Antonio.

2.-Agunos historiadores afirman que no fue Don Antonio, nacido en Orizaba el 21 de abril de 1721, quien heredó el título del Marquesado; sino su hermana Jacinta que fue quien pagó las "lanzas y media anata que adeudaba el cognomento"(sic)

Fuente: Orizaba Antigua.


San Antonio de Padua predicando a los peces, obra de José Benlliure.

lunes, 17 de julio de 2017

Pedro Aguiar ‎- Landscapes & Heartbreaks.



Artista: Pedro Aguiar.

Álbum: Landscapes & Heartbreaks.

Género: Ambient.

Tracklist:

1.- Western Digital
2.- The Ceremon
3.- Hypnagogia (w/ Berllioz)
4.- Black Palm
5.- Redemption
6.- Sacred Ritual
7.- Helios
8.- Fado Vadio
9.- Orizaba
10.- Lost In You

viernes, 14 de julio de 2017

Zongolica, El Himalaya Invertido.

Fuente: El Culto a la Cueva y los Xochitlallis en la Sierra de Zongolica, Vera-Cruz.

La Región de las Altas Montañas, se encuentra situada en la zona central de Vera-Cruz, entre los 18° 40' de latitud norte y 97° 00’ longitud oeste a una altura que varía entre los 620 y los 2200 msnm, ésta forma parte de la Sierra Madre Oriental, considerada la más compleja y menos conocida del país (INEGI, 1988), en ella se localizan el Pico de Orizaba, la montaña más alta del territorio y el volcán Cofre de Perote.

Durante el siglo XIX se realizaron algunas expediciones científicas al centro de Vera-Cruz, las que recolectaron varias colecciones de piezas cerámicas que actualmente se encuentran en el Museo del Hombre en Paris (Lehman, 2002). A partir de los primeros años del siglo XX se efectuaron visitas de inspección por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia, principalmente en el valle de Maltrata (García Márquez, 1998). Hasta entrados los años ochenta se comenzaron a hacer algunos recorridos de superficie y trabajos de salvamento en los valles del Río Atoyac (Miranda Flores y Daneels, 1998), Córdoba (Daneels y Miranda Flores, 1998) y Orizaba (Miranda Flores, 2002), por parte de arqueólogos del INAH y la Universidad Veracruzana. Estos trabajos de investigación han permitido rastrear los momentos anteriores a la conquista (Jiménez Ovando, 1998).

En relación al estudio de las cuevas, sólo se han reportado algunos trabajos que documentan la realización de rituales religiosos por las comunidades nahuas y mestizas de la actualidad, así como algunos saqueos que reflejan la importancia de los depósitos arqueológicos y la acelerada destrucción de que están siendo objeto. La continuidad de los rituales religiosos en la región desde tiempos prehispánicos hasta nuestros días permite proponer algunos trabajos de interpretación etnoarqueológica (Morante, 1998).

El Culto a las Cuevas.

La importancia que tuvieron las cuevas para los pueblos mesoamericanos ha sido diversa y por lo mismo éstas tuvieron gran variedad de significados. Inicialmente debieron servir como refugio y sitio de habitación; posteriormente obtuvieron otras connotaciones más relacionadas con la religión y por lo tanto se convirtieron en boca o vientre de la tierra, entradas al inframundo, morada de los dioses del agua y los de la muerte. En no pocos casos estos espacios se convirtieron en lugares de culto que servían a ciertos rituales y en los que se debían dejar las ofrendas a las deidades, por lo tanto las cuevas constituían áreas sagradas del paisaje natural. Éstas también sirvieron como un ámbito ideal para enterrar a los muertos.

Así, las cuevas eran un escenario apropiado para aquellas actividades religiosas que implicaran una carga importante de significación cosmológica. Son por excelencia, la entrada al inframundo, es aquel espacio que conecta el ser humano con el vientre de la tierra, con el lugar de origen, como ya se dijo; en muchas ilustraciones prehispánicas se la ha representado como un espacio con fauces, que se convierte en la boca del monstruo terrestre.

A partir del 2005 se ha visitado la Cueva del Sol y presenciado la festividad del Xochitlalli, ceremonia que se celebra año con año en varias localidades de la sierra de Zongolica. Al parecer esta festividad está relacionada con los ritos propiciatorios a través de los cuales se alcanza el favor y los dones de la Naturaleza para obtener buenas cosechas.

El Xochitlalli se realiza en varias cuevas de la región el primer viernes de marzo, y en él se rinde culto a Nana “Tonantzin”, como llaman los nahuas del área a la diosa de la Tierra; en la ceremonia se agradece por las cosechas que se tuvieron durante el año.

Nota: El náhuatl central en Vera-Cruz es la denominación de una de sus variantes hablada hacia el sur de la ciudad de Orizaba hasta la Sierra de Zongolica, el cual es estudiado y difundido por instituciones de gobierno, esta variante tiene su origen en las invasiones nonohualcas-chichimecas del siglo XIII, descritas por la Historia Tolteca-Chichimeca. Antes de la invasión, Zongolica fue lugar de residencia de complejos culturales habitados por cazadores y recolectores que tuvieron su momento de esplendor 700 años A.C; cuando comenzaron a organizar señorios con centros urbanos, se cree que estos antiguos pobladores hablaban la lengua popoluca, por lo que pertenecían a la cultura Olmeca. El Congreso Nacional de Espeleología denominó a Zongolica el "Himalaya Invertido" por sus más de 500 cuevas.

Esta fiesta es una fusión de creencias y tradiciones autóctonas y religiosas traídas durante la conquista. En primer lugar se encuentra el culto a las deidades de la lluvia, propio de las antiguas sociedades agrícolas, así como el culto en las cuevas con todos los mitos que esto implica. Del lado católico se pueden apreciar un crucifijo, imágenes impresas de vírgenes, cristos o santos, rosarios y escuchar oraciones cristianas. Finalmente observamos el catolicismo popular resultado de esta mezcla, en el cual hay procesiones, una cruz, el altar verde que se suelen poner en el interior de la cueva y flores, se escuchan oraciones de agradecimiento y la del Padre Nuestro, prenden veladoras y queman incienso.

Cuando se realizaba el Xochitlalli también se colocaba una cruz adornada de flores blancas, se llevaban velas blancas y se quemaba copal. Las cuevas del Sol y de Chicomeatl, a diferencia de las demás son las únicas que tienen pintura rupestre en color rojo, en la primera a gran altura y de difícil acceso y en las de Chicomeatl están muy a la mano, en la entrada y a 170 metros de profundidad. Pero lo que las hace diferentes a las demás, desde el punto de vista ritual, es que aquí es más privado el ritual y no hay tanta algarabía como en las otras.

Así como en unas partes se puede observar la proliferación de una actividad religiosa que lleva ciertos tipos de beneficios, tanto poblacionales como personales; en un ritual colectivo no depende de una sola persona la elaboración, se trata de un conjunto de individuos que se organizan mientras que en los rituales domésticos al faltar la persona capacitada para hablarle a la Madre Tierra decae la actividad religiosa, a tal grado de que de no haber familiares que retomen el lugar o por algún motivo tengan que migrar se puede modificar, desvirtuar, o en el peor de los casos perder.

Parte de las modificaciones (más heréticas) que ha tenido este ritual se pueden observar en las cuevas de Totomochapa y de los Tzimpiles. En la primera se han observado dos espacios, uno donde se coloca un palo adornado de flores, fuera del espacio principal y donde se entierra la cruz aderezada con flores pero también se le entierra una gallina negra. Y en la cueva de los Tzimpiles algunos alumnos depositaron al interior de la corta cueva algunas artesanías elaboradas por ellos mismos y alrededor de la cruz, listones de colores en los cuales se han escrito rezos dedicados a Ometeotl, o bien en otros años se vio que se colocaron reproducciones de un códice, correspondiente en esa ocasión a la lámina 74 del códice Madrid, totalmente ajeno a la región, pero que es retomado como un elemento identitario.

Nota: Juan Moctezuma, masón originario de Tepexi de Rodríguez, Puebla secundó el movimiento iniciado por el también masón Miguel Hidalgo, era descendiente del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, convenció a los nahuas de la Sierra de Zongolica atacar la Villa hispano-totonaca-olmeca de Orizaba, la horda portaba como estandarte de batalla la Bandera Siera, que parece ser el antecedente directo de la bandera mexicana.

Por América Malbrán Porto.

Resumen por José Antonio Rodríguez-Gómez.


Como conclusión, la cristianización de tradiciones puede ser válida si no se cae en herejías, en la Sierra de Zongolica los invasores nahuas de la primigenia Zongolica Olmeca han ido degenerando a herejías paganas (sacrificios animales incluidos). Es menester notar el enfrentamiento de las dos concepciones etno-culturales aquí; 1.- Zongolica, controlada por nahuas invasores, aliados del masón Juan Moctezuma, contra 2.- Orizaba de origen hispano-totonaca-olmeca que aceptó la Independencia solo a través de Iturbide y Santa Anna.

¡Reconquista hispano-totonaca-olmeca de Zongolica! ¡Ya!

miércoles, 5 de julio de 2017

Una Subdelegación Indomable, La Provincia de Tlaxcala ante la Ordenanza de Intendentes.

Cuando se diseñó sobre el papel la Real Ordenanza para el establecimiento é instrucción de intendentes de ejército y provincia… para la Nueva España, el gobierno provincial de Tlaxcala pasó a formar parte de la intendencia de Puebla como una subdelegación más. En la “Razón de las jurisdicciones y sus territorios”, que cierra dicha ordenanza, después de la ciudad capital y las alcaldías mayores de Tepeaca, Zacatlán de las Manzanas y San Juan de los Llanos, se menciona a “La [provincia] del Gobierno de la Ciudad de Tlaxcala. El primer intendente de Puebla, Manuel de Flon y Quezada, ejecutó con la firmeza que le caracterizaba esa asimilación jurisdiccional de la provincia india secularmente privilegiada a su enemiga de origen. Ello desató un largo pleito en el que intervinieron el intendente de Puebla, el gobernador español de la provincia de Tlaxcala, el cabildo indio de la misma ciudad, el virrey y el Consejo de Indias. 

No cabe duda que no todos estaban contentos con la instalación del régimen de intendencias en la Nueva España. Pero de entre los más descontentos, la provincia de Tlaxcala fue el ejemplo indomable. El gobierno provincial de Tlaxcala tuvo una serie de mudas particulares que la harían muy distinta al resto de las demás gobernaciones provinciales de la Nueva España, ya desde el siglo XVI. Desde muy temprana época, la nobleza india de la ciudad de Tlaxcala supo sacar provecho de haber sido aliados de Cortés durante la conquista de Mexico-Tenochtitlan. Entre otros privilegios, desde el siglo XVI el cabildo indio de la ciudad logró obtener el control político y económico de la provincia entera (alrededor de 4 mil km2), una tasación tributaria fija, que no se llamaría tributo sino servicio, de 8 mil fanegas de maíz anuales; el privilegio de no estar sujetos a encomienda, el título de Muy Noble y Leal, así como la exclusividad de no permitir el ingreso de vecinos españoles que se asentaran en la provincia, aunque esto último no fue cumplido por diversas razones.

Los privilegios otorgados por los monarcas españoles fueron utilizados políticamente por los capitulares indios tlaxcaltecas a lo largo de los siglos. Como muestra basta mencionar un fenómeno azas curioso y que tiene relación con nuestro tema. Como todas las provincias menores de la Nueva España, es decir, aquellas que conocemos como corregimientos y alcaldías mayores hasta 1786, la provincia de Tlaxcala fue puesta a cargo de un corregidor de la Corona en 1531. Sin embargo, el cabildo indígena de la ciudad de Tlaxcala, esgrimiendo sus privilegios, representó ante el rey para conseguir que, en vez de un simple corregidor, la jurisdicción territorial fuera atendida por un alcalde mayor, en 1557. Pero no contentos con ello, los tlaxcaltecas representaron de nueva cuenta al rey para lograr que su alcalde mayor fuese ascendido al rango de gobernador provincial. Esta distinción en la nomenclatura del gobernador provincial español no hacía en realidad diferencia notable en cuanto al ejercicio de las cuatro causas que tenían tanto corregidores y alcaldes mayores en el siglo XVI, pero permitía al cabildo indígena de la ciudad de Tlaxcala ostentarse con un grado de diferenciación importante frente a otras entidades y cuerpos políticos indios.

Por ello, cuando en 1786 el cabildo indio tlaxcalteca supo de las innovaciones en el gobierno provincial, echó mano a todos los recursos posibles para elevar su representación al rey. Lo primero que hizo fue desobedecer cualquier orden que viniese del intendente de Puebla, y puso como intermediario entre el cabildo y el intendente al gobernador español, el teniente coronel Juan Antonio de Lissa, quien llevaba cerca de once años al frente del gobierno provincial. Por supuesto que para Lissa no era conveniente convertirse de gobernador en subdelegado de la noche a la mañana. Así que las comunicaciones de Lissa a Flon fueron en diversos tonos que iban desde la rebeldía hasta la burla. Tal fue el enojo de Flon que trataba con desprecio a Lissa en todas sus comunicaciones, causando la protesta del cabildo. Por su parte, Flon se quejaba reiteradamente al rey y al virrey de la situación, al grado de acusar a Lissa de todos los desatinos de los tlaxcaltecas, malos manejos en la real hacienda, y pedir su pronta destitución.

En segundo lugar, el cabildo de Tlaxcala intentó, sin éxito, enviar una delegación a Madrid para suplicar directamente al rey que respetase las distinciones y privilegios de la ciudad y su provincia, conservando al frente un gobierno político y militar separado de la intendencia de Puebla, e incluso deslizar la posibilidad de que fuera Tlaxcala la cabecera de Intendencia. Entre otras cosas aducía, además de los privilegios y servicios prestados a la Corona, la antipatía secular con la ciudad de Puebla, que había sido erigida en territorio de Tlaxcala a pesar de los tlaxcaltecas, y por ello también privilegios de antigüedad. Al no poder enviar la delegación, el cabildo optó por reiteradas representaciones desde 1788. En 1790, Carlos IV concedió que se agregara a la subdelegación de Tlaxcala un oficial militar en clase de gobernador y con sueldo de teniente coronel de infantería, además de confirmar en ese puesto a Francisco de Lissa, por sus buenos servicios, pero sujeto tanto a las órdenes del intendente de Puebla como del virrey.

Evidentemente, el cabildo tlaxcalteca no estuvo conforme con ello. Siguió representando a la Corona hasta lograr que, el 2 de mayo de 1793, Carlos IV expidiera una real cédula confirmando el gobierno militar y político de la provincia, pero finiquitando la subordinación del gobernador político militar como subdelegado de la intendencia poblana, es decir, decretando la total separación del gobierno de Tlaxcala de la intendencia de Puebla. De entonces en adelante, y como había sucedido anteriormente a la Real Ordenanza…, el gobernador de la provincia de Tlaxcala dependería directamente del virrey de la Nueva España.

Es por ello que creemos que el estudio de esta subdelegación indomable, por su particularidad y contraste en el contexto del régimen de subdelegaciones, puede aportar un mayor conocimiento a las dificultades y procesos de la aplicación del sistema de intendencias en su conjunto. Ahora bien, nuestro estudio no solamente se circunscribirá a los pocos años del pleito entre el cabildo y la intendencia de Puebla, sino a lo largo de su vida política en el contexto de las reformas borbónicas hasta la crisis política de la monarquía, cuando el cabildo indio del Tlaxcala solicitó a la Junta Central ser erigida como diputación, lo cual logró.

Por Víctor Gayol.


Tlaxcala Tradicional y Anárquica.

Significado del Escudo; El castillo de oro sobre rojo es la imagen heráldica de Castilla, que representa las fortalezas castellanas levantadas para resistir el avance de los moros en la península y la sangre de los infieles derramada en los campos de batalla durante la llamada Reconquista española. Como imagen principal del escudo de Tlaxcala, representa a dicha ciudad como una nueva Castilla, vencedora de los mexicas durante la Conquista. El águila negra sobre oro es la imagen heráldica del Sacro Imperio Romano Germánico y, por tanto, representación del emperador Carlos V, que concedió el escudo. La orla de plata (bordura en lenguaje heráldico) representa la fe católica, que los tlaxcaltecas habrían abrazado sin oposición. Las iniciales corresponden a las de los nombres latinizados de la reina Juana de Castilla, el emperador Carlos V y el entonces príncipe Felipe. Las dos coronas representan a la reina Juana, titular de la Corona castellana, y a Carlos V como cotitular de la misma Corona. Las palmas son símbolo de victoria, en este caso sobre los mexicas. Los cráneos tiene un sentido trofeístico y representarían a los mexicas muertos durante la toma de Tenochtitlan en 1521.

miércoles, 24 de mayo de 2017

El Tiempo No Pasa por Nosotros.. Somos Nosotros los que Pasamos por el Tiempo.

Gabriele Adinolfi - "Tortuga, La Isla que (No) Existe", Ediciones Midjungards.

"Cuando los mares de la Tierra se extinguieron, afirmaron que a la humanidad le había llegado su hora... Hubo, sin embargo, algunos que volvieron la vista al infinito mar que se abría sobres sus cabezas y, deplorando el camino que había tomado la humanidad, creyeron con inquebrantable fe en un nuevo y brillante futuro para los hombres... 

Fueron ellos quienes partieron entonces hacia ese nuevo mar infinito: El Espacio.

La gente se mofó de estos hombres que, en una muestra de valor incomparable, se embarcaron en una nueva aventura. Les llamaron ilusos, y consideraron que estaban fuera de la ley por perseguir un sueño imposible..."

"Jamás nos rendiremos ante nadie, jamás pediremos la ayuda de otros, jamás lucharemos bajo ninguna otra bandera, y solo lucharemos por lo que creemos, de pie bajo nuestra bandera continuaremos luchando por la libertad mientras estemos vivos."

"El tiempo no pasa por nosotros... somos nosotros los que pasamos por el tiempo."  "Vago por los confines del espacio. Me llaman el Capitán Harlock, y mientras me quede un hálito de vida, viviré libre en este mar sin futuro bajo mi propia bandera, la bandera de la calavera..."  "Lo único que quiero es una vida de la cual, a su fin, pueda reírme mientras muera."

Capitán Harlock como Arquetipo.

No solo se debe innovar sino que es indispensable una revolución del imaginario. Las iconografías estáticas, que re-evocan el Medioevo o la Fantasía clásica nos conducen a una reclusión, tristes, apagados, en refugios polvorientos para condenar el presente, con espíritu amojamado, desde las dimensiones del pasado o desde lo surreal.

Se debe desafiar este presente con un nuevo, alegre y exuberante espíritu gascón, hidalgo, aventurero y no conforme. Por eso Capitán Harlock es absolutamente emblemático" (Quel domani che ci appartenne)

Este personaje es el descendiente de un piloto de la Lutwaffe que se sacrificó para salvar a un japonés perseguido por los franceses. El descendiente de éste es el segundo del Capitán Harlock; fidelidad más fuerte que el fuego..

La nave espacial pirata lleva el nombre emblemático de Arcadia, su tripulación está formada por hombres libres, exiliados de la Tierra, que quieren luchar por ella. Tuerto, el Harlock que surca los cielos remite en cierto modo a Wotan-Odían. Su creador en la vida real es hijo del piloto de un Zero muerto kamikaze; los primeros episodios de la serie en los que el simbolismo es más evidente han sido censurados".


"Llevaré como bandera yo, la calavera cruel, para así.. indicar bien, que no voy a parar, hasta al fin y entonces conseguir.. mi planeta en paz, puede que mi vida dejaré, más seré.. siempre fiel." Capitán Harlock.

miércoles, 17 de mayo de 2017

The Punisher (2004)



Frank Castle (Thomas Jane), un ex-marine que estudió para convertirse en sacerdote católico, decide un día abandonar su profesión para poder tener una vida familiar normal. Pero, precisamente entonces, su vida se hace añicos al cumplirse el peor de sus temores: su familia es asesinada como venganza por su último trabajo. Buscando castigar a los asesinos, al final encuentra lo que menos esperaba: la redención.

"Esto no es una venganza. La venganza no es un móvil válido, es una respuesta emocional. Venganza no... castigo." Frank Castle.

domingo, 7 de mayo de 2017

De Chernobyl a Laguna Verde.

Tras la catástrofe de Chernobyl, la más grave de la era industrial, y frente a la incapacidad de la Agencia Internacional de Energía Atómica para garantizar la seguridad de las centrales nucleares, se impulsaron diversas iniciativas, entre ellas, la creación de la Asociación Mundial de Operadores Nucleares (WANO, por sus siglas en inglés) con el objetivo de que operadores de centrales nucleares se conformen en grupos que visiten y evalúen la seguridad de otras centrales nucleares.

En 1999, tras la remoción de la administración de la central nuclear de Laguna Verde por “irregularidades en la asignación de contratos”, un grupo de 18 expertos de WANO visitó entre octubre y noviembre de ese año la planta nucleoeléctrica mexicana.

La visita y sus preocupantes hallazgos nunca se hubieran dado a conocer sin la filtración de su reporte. El reporte de más de 200 cuartillas llegó en un sobre cerrado a las oficinas de Greenpeace en México. Viendo la trascendencia de la información contenida en lo que eran las notas de campo de los 18 operadores de WANO sobre la operación y seguridad de la central nuclear de Laguna Verde, de inmediato sacamos varios juegos y se los entregue en mano al Dr. Alejandro Nadal de El Colegio de México, miembro del Consejo Directivo del The Bulletin Of The Atomic Scientists, que había publicado un estudio sobre el programa de evacuación de la central nuclear demostrando que era totalmente inoperante en caso de accidente y al Dr. Marco Antonio Martinez Negrete, doctor en física de la UNAM y uno de los más destacados críticos de la energía nuclear en México.

Al mismo tiempo enviamos el reporte de WANO al Dr. David Louchbaum de la Union Of Concerned Scientists, uno de los más reconocidos expertos estadounidenses en seguridad nuclear, incluso, reconocido como tal por la propia industria nuclear, y al Dr. John Large del Reino Unido, otro reconocido experto en la materia. Aunque uno no fuera experto en la materia, al leer el reporte saltaban a la luz las graves deficiencias operativas y de seguridad descubiertas en la central nuclear.

El Dr. Large fue breve y contundente en su respuesta al señalar que nunca había leído el reporte de una central nuclear en tan malas condiciones de operación y seguridad, recomendando su cierre. El Dr. David Louchbaum fue más preciso en la carta que nos dirigió, reproduzco unos párrafos:

“Si Laguna Verde fuera una planta norteamericana, la Union Of Concerned Scientist pediría a la Comisión Reguladora Nuclear que obligara al paro de la central hasta que todas las reparaciones que necesita fueran efectuadas. Con tantos problemas de equipo y de procedimientos identificados en Laguna Verde es muy remota la posibilidad de que la población sea protegida en caso de que ocurra un accidente”.

“Los problemas identificados por Wano cubren el espectro de las actividades de una planta nuclear. La mayoría de los problemas, si no todos, parecen originarse por la misma causa: recursos inadecuados. Desde la carencia de un programa de entrenamiento para el ingeniero del sistema de generadores diesel hasta la falta de disponibilidad de refacciones para la gran cantidad de reparaciones atrasadas, revelan que Laguna Verde no dispone del personal ni de los recursos necesarios para adquirir y sostener niveles apropiados de seguridad”.

“El reporte contiene ejemplo tras ejemplo de problemas de mantenimiento: I) falla para realizar el mantenimiento preventivo; II) mantenimiento que provoca, en vez de resolver, problemas, y III) falta de seguimiento después del mantenimiento para un control adecuado. Estos problemas simplemente no serían tolerados en plantas norteamericanas y no deberían ser tolerados en Laguna Verde”.

El documento generó un escándalo público. La Cámara de Diputados creó una comisión especial de investigación sobre Laguna Verde que sería una farsa. Entregamos el reporte a la Comisión para que se enviara a evaluar por otros expertos independientes. Respondió que no podían hacerlo porque el documento había sido filtrado de manera ilegal. Sugerimos que la Comisión lo solicitará a la CFE. Se argumentó que el documento era confidencial y que la CFE no podía liberarlo por cuestiones de derecho de autor de WANO. El Dr. Mauricio Jalife, experto en derecho de la propiedad intelectual, analizó el caso y comentó por escrito que el derecho a la propiedad intelectual no puede estar por encima del interés en la seguridad nacional y que debería darse a conocer el documento de manera oficial.

La central nuclear no paró para realizar las reparaciones que, de acuerdo a David Louchbaum, sólo podrían realizarse con la planta fuera de operación. ¿Cómo opera Laguna Verde? ¿Cuál es la seguridad en la central nuclear? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que esta industria es muy poco transparente, que se distingue en el mundo por ocultar información. El recuento del ocultamiento a la población e, incluso, a las propias autoridades gubernamentales sobre la industria es una larga historia bien y profundamente descrita en “El Estado Nuclear” de Robert Jungk en el que se expone la naturaleza de esta industria relacionada desde sus orígenes a la industria nuclear y la fabricación de armamento nuclear.

Recordemos la respuesta que dieron los países europeos cuando la nube radiactiva de Chernobyl llegó a sus territorios, mientras Alemania establecía medidas muy fuertes para evitar la exposición de sus ciudadanos y tiraba alimentos, el Estado Nuclear Francés informaba a sus ciudadanos que no existía ningún riesgo y ocultaba las mediciones altas de radiactividad en su territorio. En Alemania se pedía a la población exponerse lo menos posible al aire libre, se prohibió a los niños jugar en los areneros y a la población en general, retirar sus ropas antes de entrar a casa. Mientras, a algunos kilómetros de distancia, en Francia se “informaba” a los ciudadanos que todo estaba normal que siguieran con sus hábitos cotidianos.

Otras naciones, como Irlanda, gran productora de leche y sus derivados, encontraron grandes concentraciones radiactivas en la leche que producía, las vacas concentraban la radioactividad depositada sobre los pastos. El producto, la leche fue exportada a naciones del Sur, en Brasil la rechazó. El entonces embajador en Brasil, Antonio Gonzalez de León envió una nota diplomática a la cancillería mexicana para advertir que leche contaminada de Irlanda había tratado de ingresar a Brasil y fue rechazada. A pesar de la nota diplomática, la leche ingreso a México comprada por CONASUPO. Hay que recordar que hasta entonces ninguna empresa podía importar leche, solamente CONASUPO. Las empresas privadas, incluso las que elaboraban sucedáneos de leche materna tenían que comprar a CONASUPO. Algunas de estas empresas ante la alerta internacional, analizaban la leche que le compraban a CONASUPO.

Chernobyl no sólo fue el clavo del féretro de la energía nuclear para la producción de electricidad, también cuestionó de fondo a la humanidad y su ideología del progreso que han venido impulsando una serie de avances tecnológicos sin ningún principio precautorio, sin querer evaluar sus posibles daños, sin presentar soluciones a sus riesgos. La industria nuclear declaraba que un accidente grave que implicara la fusión del núcleo del reactor no podía pasar, pasó en la central nuclear de Tres Millas, pasó en Chernobyl, pasó en Fukushima y, en menor escala, en otras centrales nucleares.

De Laguna Verde solamente sabemos el ocultamiento, no tenemos la dimensión de su riesgo. Tiene una larga historia negra, desde el inicio de su construcción cuando el Ing. Isidro Becerril Salinas, a cargo de la obra, declaró que no tenía ningún control sobre la calidad de los materiales por la alta corrupción.

Por Alejandro Calvillo.


Laguna Verde es de esas historias en las que uno no quiere tener, en lo más mínimo, la razón. De esas historias en las que uno quiere estar equivocado.